Cuando el autogiro aterrizó en Albacete
Aterrizó tres veces y un vecino lo describió mejor que nadie: parecía un abejorrón. De La Torrecica a Airbus Helicopters.
Juanito, el otro día pasé por la Base Aérea de Los Llanos y vi un cartel de una réplica de avión rarísimo, con las palas como de molino. ¿Tú sabes qué es eso?
¡Ese es el autogiro de Juan de la Cierva, mujer! El abuelo del helicóptero. Y Albacete tiene mucho que ver con él, aunque la mayoría de la gente joven no lo sepa.
¿El abuelo del helicóptero? Explícate, que me pierdo.
Verás. Juan de la Cierva y Codorníu nació en Murcia el 21 de septiembre de 1895. Su familia le llamaba Juanito, como a mí, fíjate qué casualidad. Su padre fue alcalde de Murcia, ministro varias veces y abogado, así que el chico creció rodeado de política y de dinero. Pero él, desde pequeño, solo pensaba en volar. Se hizo ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y con sus amigos construía aeroplanos de juguete. Uno de ellos, el BCD-1, llegó a ser de los primeros aviones españoles que volaron de verdad.
¿Y de ahí salió el autogiro?
No fue tan fácil. En 1919 se le estrelló un trimotor que había diseñado, y eso le hizo darle vueltas al problema de por qué los aviones perdían sustentación. Y se le ocurrió una cosa que a mí, sinceramente, me parece de genio: en vez de alas fijas, unas palas que giraran solas, por el propio viento, sin motor que las moviera. Eso es el autogiro. Tardó varios prototipos fallidos, pero al cuarto lo consiguió, el C-4, en 1923, sobrevolando el aeródromo de Getafe.
¿Y cómo llega eso hasta Albacete?
Aquí viene lo bonito. Albacete llevaba años enamorada de los aviones. Ya en 1912, en plena Feria de Albacete, la gente se quedaba con la boca abierta viendo volar al piloto Leoncio Garnier en las eras de Santa Bárbara. Y en 1921 volvió a repetir la hazaña. En 1922 se compraron los terrenos de La Torrecica, y en 1924 se inauguró allí el primer aeródromo militar de la ciudad, con su Escuela de Aviación. Así que cuando Juan de la Cierva se hizo famoso en el mundo entero, Albacete ya tenía el terreno preparado y las ganas de recibirlo.
¿Y vino de verdad?
Vino, y no una vez, sino tres. La primera, el 3 de septiembre de 1930, un miércoles, a las ocho y veinticinco de la mañana. Venía de Londres, había pasado por Francia, por San Sebastián, por Santander —donde hasta llevó volando al hijo del rey Alfonso XIII—, por Madrid y por La Roda, y aterrizó aquí con unos cables rotos del último tropiezo que había tenido esa misma mañana en Cuatro Vientos. Pero lo arreglaron en los talleres de la Escuela de Aviación de Albacete y aquí no pasó nada.
¿Y la ciudad se enteró?
¡Vaya si se enteró! Al campo de vuelo llegaron corriendo el alcalde, José María Blanc Rodríguez, el presidente de la Diputación, Isidro Arcos Villaba, y medio Albacete detrás. Y por la tarde, banquete por todo lo alto en el Gran Hotel, con champán y brindis "por las glorias de la aviación española, por el triunfo del autogiro y por la prosperidad de Albacete". Que eso lo contó el Defensor de Albacete con pelos y señales. Luego el hombre voló otra vez ante millares de personas y se marchó a Murcia a las cinco y media de la tarde, entre aplausos.
Qué cosa. ¿Y cuánto costaba aquel aparato?
Veinte mil pesetas, Llanos. Diez años de sueldo de un peón de aquella época. Pesaba 437 kilos, volaba a 155 kilómetros por hora y tenía 400 kilómetros de autonomía. Una barbaridad para 1930. Y por si fuera poco, unos días después, el mismísimo Thomas Alva Edison —el que inventó la bombilla— fue a ver el autogiro a Nueva Jersey y dijo que era "el mayor adelanto realizado por la aviación desde sus comienzos". Eso salió en el Defensor de Albacete del 23 de septiembre de aquel mismo año.
¿Volvió más veces a Albacete?
El 12 de marzo de 1931 volvió, esta vez en tren, a recoger su aparato de los hangares de Los Llanos. Se hospedó, cómo no, en el Gran Hotel. Y la tercera visita fue la más bonita de todas: los primeros días de marzo de 1934, con su esposa, María Luisa Gómez-Acebo. Llegó escoltado por cinco aviones militares, hizo un aterrizaje casi vertical que dejó a la gente pasmada, y hubo un vecino que, según el Defensor de Albacete del 4 de marzo de 1934, lo describió mejor que nadie: dijo que el autogiro, volando, parecía "un abejorrón", y que el aterrizaje fue "algo asombroso: vertical y muy despacio". Y otro cronista, más fino él, escribió que el aparato "no ruge, runrunea".
(riendo) Un abejorrón. Qué gracia.
Pues sí. Y hubo un albaceteño metido en toda esta historia, ¿eh?, que eso también hay que contarlo: Pío Fernández Mulero, de Yeste, que se movía en los mismos círculos de Cuatro Vientos y del Real Aero Club de España, y que hasta viajó a Inglaterra a ver los talleres donde se fabricaban los autogiros. Fue él quien recibió en España el autogiro que compró el Gobierno.
¿Y qué fue de Juan de la Cierva al final?
Ahí está la pena. Murió joven, con cuarenta y un años, el 9 de diciembre de 1936, en un accidente al despegar de Londres en un avión que iba a Ámsterdam. Pero Albacete no lo olvidó. En 1995, para el centenario de su nacimiento, el Ejército del Aire encargó a la Maestranza Aérea de Albacete construir una réplica exacta de uno de sus autogiros, el C-30. Y no fue casualidad: aquí se sabía trabajar el acero y la tela como en pocos sitios, por la experiencia con las avionetas Bücker.
¿Y lo consiguieron?
Con muchísimo esfuerzo. Empezaron a fabricarlo en febrero de 1997, más de sesenta profesionales trabajando casi dos años. En enero de 1998 hicieron las primeras pruebas en la Base Aérea de Los Llanos y el aparato volcó al aterrizar, se rompió medio rotor. Lo repararon, y el primer vuelo de verdad, con éxito, fue el 3 de febrero de 1999: cuarenta y tres minutos en el aire. Siguieron volando hasta noviembre de aquel año, treinta y siete vuelos, y entonces sufrió otro accidente, el 3 de febrero de 2000, justo antes de presentarlo en Madrid. Al final, tras una última reconstrucción, se entregó en diciembre de 2001 y en junio de 2002 quedó para siempre en el Museo del Aire de Cuatro Vientos.
Con lo que ha costado, sería una pena que se hubiera perdido.
Y ahí sigue Albacete unida a los cielos, Llanos. Porque de aquel autogiro que aterrizaba entre aplausos en La Torrecica y en Los Llanos, la historia siguió su curso hasta que en 2007 llegó a la ciudad Airbus Helicopters, entonces Eurocopter. Del abejorrón de 1930 a las fábricas de helicópteros de hoy hay un hilo que no se ha cortado nunca.
Anda, pues ahora que pase por la Base Aérea de Los Llanos, miraré ese cartel con otros ojos.
Eso es. Que Albacete, aunque no lo cacaree mucho, tiene la historia de la aviación española metida en las entrañas.
Para quien quiera comprobarlo todo
- Reportaje de referencia: José Fidel López Zornoza, "De La Torrecica a la Maestranza Aérea, la herencia histórica de Juan de la Cierva, el 'abuelo del helicóptero', en Albacete", eldiario.es Castilla-La Mancha, 11 de abril de 2026. Investigación sobre hemerotecas locales y nacionales (Defensor de Albacete, El Diario de Albacete, La Correspondencia Militar, Aérea, El Heraldo de Madrid, Luz, Ahora).
- Fondos fotográficos: Archivo Digital de Castilla-La Mancha, fotografías de Luis Escobar y Luis Collado cedidas por la Diputación de Albacete.
- Bibliografía: Mariano José García-Consuegra, El caballero del aire: Pío Fernández Mulero, Instituto de Estudios Albacetenses (IEA), 2022.
- Autobiografía de referencia: Juan de la Cierva, Wings of Tomorrow (Alas del mañana), 1931.
- Fechas clave: primer aterrizaje en Albacete, 3 de septiembre de 1930; segunda visita, 12 de marzo de 1931; tercera visita, marzo de 1934; fallecimiento del inventor, 9 de diciembre de 1936; réplica del C-30 entregada al Museo del Aire, junio de 2002.